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Edición especial: textos de los alumnxs de Espacio Enjambre


Poemas de su libro “En el cuerpo”, editado en 2016 por Ediciones del Dock

El nudo

La cortina de tu casa

atada por el medio

con una cinta de raso.

Del otro lado del vidrio, un árbol

henchido de limones.

Vos, cuando oscurece,

cerrás todo lo que estaba abierto:

tapás la yerba y me ofrecés un té,

desatás la cinta, la cortina cae,

y yo siento

que acabás de desprenderme algo.

Principio antrópico

Una palabra más

y se rompe el equilibrio.

El agua líquida no es casual;

tampoco la distancia

entre el Sol y la Tierra:

un poco más acá, y seríamos vapor;

un poco más allá, y seríamos de hielo.

Gravedad

Pareciera que respondemos

a los vicios de la naturaleza.

Algo se cae y alguien lo levanta:

es un instante.

De lo contrario, la gravedad se ensaña

con el vaso de vidrio,

aunque después se arrepiente

y nos deja pegar los zapatos al piso

también la escoba

y todos los vidriecitos quietos

a la espera de las leyes de movimiento.

Puntos de vista

1

En este paisaje

las nubes van quedando abajo.

Aparece y desaparece

una vida en miniatura.

Si me lo propongo,

este espacio puede ser mi hogar.

La calidez no se pierde

a pesar de los roles.

Hasta podría cuidar una planta

de interior presurizado

a diez mil metros de altura.

Viviría más tiempo

que las plantas de la tierra;

el viento le resultaría un monstruo.

2

Me traslado a lo que podría ser

una miga de pan en el mapa.

Viaje de un espacio a otro

pero viaje en el tiempo: todo es colonial.

El mar será el elemento uniforme,

una pizca de “soy siempre la misma”.

No se puede fumar con tanto sol.

Todo es verde y gotea,

inunda los ojos que se agrandan

con cada insecto que aparece.

Paseamos y te cuento

de la vez que alimenté cangrejos

con galletitas Toddy.

Terreno extremo, con altibajos

y vegetación rarísima.

Por fuera de esta mole

nos acecha el mar.

Al pie de las olas se respira distinto:

he aquí el corazón, pero

¿cuál es la sangre de una isla?

3

A veces, una persona

es un cuerpo lleno de arena

que adquiere el gesto

de la preocupación

y no logra salir de ahí.

¿Qué forma tomar, ahora

que ya no tengo bronca?

No se distingue entre el nublado

y este color de cielo atardecido.

Se ha dicho: lo más difícil

de ser feliz es darse cuenta.

De a ratos, soy la carne

que el mar sala a cachetazos.

El viento parece escupido

por la boca de un dragón.

4

Tender la ropa

como quien se alza políticamente.

Colgar las sábanas, plantar bandera.

Ser la nueva, la recién llegada,

asentarse; delimitar espacios

con paredes blancas que mueve el viento.

5

Viene y enseguida se va

trayendo caracoles:

huesos, en cierta forma.

Pienso en la última vez

que me fui de viaje.

Cuando volví

todo estaba muerto y roto.

Al instante se cortó la luz:

las plantas, el escalón, tu sombra,

nada de eso existía.

6

Dos manos

con un puñado de agua

se dicen dueñas del mar

en una forma minúscula

que también excede.

7

Nos permiten acampar

en la zona inhabitada.

Cocino, preparo un hechizo

y musitamos cosas.

Pero toda palabra

relacionada con el fuego

se extingue.

Una coma mal dicha

también deforma el sentido.

Será mejor no decir nada,

comer en penumbras,

aflojar la tierra con el dedo.

8

Me vuelvo con la sensación

de haber dejado de creer.

No es único ni absoluto:

el mar se confunde con cualquier cosa

capaz de romper y expandirse.

Paula Giglio (1988, Córdoba Capital) es Licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba. En 2014 se le otorgó la Beca Interna de Postgrado del CONICET. Publicó los libros de poesía Ella, naturaleza (Ed. Babel, 2012) y En el cuerpo (Ed. del Dock, 2016). En 2017 fue seleccionada para participar de la Bienal Arte Joven Buenos Aires en el Centro Cultural Recoleta, en el área de Literatura. Actualmente, reside en Buenos Aires y se encuentra realizando el Doctorado en Filosofía.

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